Recordar:
Del latín Recordari, “Volver a pasar por el corazón”
Es
curiosa la raíz de la palabra recordar. Hoy en día utilizamos este
término con otros significados mucho menos profundos. La RAE dice en
su primera acepción que recordar es traer a la memoria algo.
Si
buscamos recuerdo podemos encontrar cuatro acepciones. Por ejemplo,
la primera lo define como memoria que se hace o aviso que se da de
algo pasado o de que ya se habló; la tercera, hace referencia al
objeto que se conserva para recordar a una persona, una
circunstancia, un suceso, etc.
Y
esta asociación que se establece entre objetos y recuerdos me parece
bastante curiosa. Creo que no todo el mundo da la misma importancia a
los recuerdos o a su representación material, en objetos. Yo
considero que hago muchas asociaciones, quizá demasiadas.
Así
los objetos para mí pueden llegar a adquirir gran significado.
Detrás de cada “chisme” puede haber una historia. Y por eso
guardo tantas cosas que parecen tontas a los ojos de los demás.
Hoy
en día, muchos de nuestros recuerdos no quedan plasmados en algo
puramente físico. Me estoy refiriendo a las fotografías. ¿Cuánto
de “físico” tiene una fotografía? Ya sea impresa o en Internet.
Ahora,
vayamos a donde vayamos y pase lo que pase, siempre hay una cámara
cerca para inmortalizar el momento. Y nuestras redes sociales están
llenas de imágenes. Cada semana, cada mes, fotos nuevas que en ese
instante son “la foto”, el recuerdo de esa noche que hicisteis
determinada locura, y otra noche y otra locura y gente que conoces
que parece inolvidable. Y echas la vista atrás a hace tres años,
por ejemplo, y a lo mejor esa foto que en su día te pareció tan
graciosa ya no te recuerda a nada.
¿Podemos
saturarnos de recuerdos? Tengo que confesar que me da miedo olvidar.
Supongo que a todos un poco ¿no?
Quizá
me esté poniendo algo trascendental pero lo que me da miedo es
que algún día no sea capaz de recordar esas historias que ahora son
para mí tan importantes. Es decir, en la actualidad, con menos de
dos décadas, puedo acordarme de más o menos todo lo que ha pasado
en mi vida pero, ¿y con cuatro veces más mi edad?
Dicen
que en la adolescencia y en la juventud vivimos muy intensamente.
Creo que es cierto. Que nuestros sentimientos se magnifican, que un
día podemos sentirnos los reyes del mundo y otros días lo peor. De
este comportamiento nacen las amistades más fuertes. ¿Qué pasará
después? Por supuesto que muchos de nuestros recuerdos perdurarán
pero la memoria no tiene una capacidad infinita. Y pensar que esto
que HOY es tan importante, este blog por ejemplo, en algún momento
pueda dejar de serlo... porque por muchas fotos que existan o textos
si la memoria olvida no podemos hacer nada.
Y,
aunque solo estoy hablando de una memoria cualquiera de una futura
persona octogenaria, la verdad es que he llegado a estas reflexiones
al pensar en que el pasado
21 de septiembre fue el día mundial del Alzheimer. Una enfermedad
dura y muy interesante de estudiar bajo mi punto de vista. Eso si que
es preocupante.
Pero
esta entrada no puede acabar así. Después de la reflexión debería
llegar la conclusión. Y la conclusión, que quizá sea más cómoda
que válida, es la siguiente: En lo que inventamos la fórmula mágica
para tener una memoria infinita, lo único que podemos hacer es
aprovechar el momento. No podemos tener muchos y buenos recuerdos si
no existen primero buenas experiencias. CARPE DIEM