Ahora
que ha muerto Neil Armstrong recordamos al hombre que pisó la Luna
por primera vez. El espacio está de moda. ¿Es cierto que el hombre
llegó a la Luna o fue todo un montaje de EEUU? ¿Sale rentable la
inversión en el espacio? La segunda pregunta pide un mayor debate
pero sobre la primera, yo soy de esas personas que creen que es
verdad, que el hombre llegó a la Luna en 1969. Sea cierto o no,
prefiero creer que fue así y no pararme a pensar en supuestas
confabulaciones de EEUU. Simplemente creer, como en los trucos de
magia.
Y,
paralelamente a esto, a mi alrededor escucho conversaciones sobre la
distancia.
Cuando
eramos pequeños, distancia era la que había entre tu amigo y tú.
Él vivía a la otra punta de la ciudad. A medida que crecemos eso ya
no es un problema. “Distancia” pasa a ser el pueblo de al lado.
Después, es traumático que una persona viva
en el otro extremo de tu propio país. Y
ni hablamos de cruzar alguna frontera. Ya no nos asustamos por 50 km
pero si por 500. ¿Y qué más da 500 que 5000? ¡Señores, qué el
hombre ha viajado a la Luna!
No
solo nosotros crecemos, el mundo crece mucho más rápido. En mi
corta existencia he visto el gran salto de Internet, la aparición de
los teléfonos móviles y ahora los smartphones capaces de combinarlo
todo. Podemos oír la voz de una persona o hablar con ella sin
gastarnos lo más mínimo, 24 horas al día. También podemos verla y conocer su entorno. Y la evolución de
los medios de transporte. Viajes más rápidos, más cómodos y con
menor coste. Viajar en avión es muy común al igual que el tren,
autobús, barco...
Ahora
hablamos de globalización. Decimos que somos “europeos”. Entre
otras cosas, tenemos una misma moneda que nos facilita los
intercambios además del pasaporte y documentos válidos en toda la
comunidad que nos ahorran gastos y tiempo.
Por
lo tanto la “distancia” no puede ser impedimento para mantener el
contacto con una persona. Si puedes comunicarte con ella y viajar no
hay problema. Quizá para viajar pueda entender que haya cierta dificultad económica porque, a pesar de la reducción del coste del
transporte, cruzar el Atlántico, por ejemplo, no es asequible para
todos los bolsillos. Por desgracia ese puede ser un impedimento. Pero
no dejemos que el dinero domine nuestra vida. Hay muchas formas de
viajar. No hace falta buscar el medio de transporte más cómodo ni
el más rápido. Podemos combinar diferentes formas de viaje (ahí
está el ejemplo del autostop, una interesante forma de viajar de la
que algún día hablaré mas detenidamente).
Así
que ya vale de decir... es la distancia. No es la distancia. La
distancia puede complicar las cosas, claro, es un obstáculo
importante pero que se puede saltar. Uno de tantos otros. No
utilicemos distancia como excusa. Es más, no nos autoengañemos
poniendo la distancia como barrera. Porque si tu primo es tu primo y
te llevas bien con él, ocurrirá lo mismo aquí que en China. Y si
tu amigo se va de Erasmus seguirá teniendo el mismo sentido del
humor que te hace reír cuando está a tu lado, y si te gusta
un chico te va a gustar igual esté donde esté y si no te gusta
aunque viviese en el piso de al lado tampoco te gustaría.