"Hoy
llueve, igual que ayer y posiblemente igual que mañana."
"Desde
mi ventana veo la lluvia caer"
Dos
frases objetivas. ¿Qué te trasmiten? Quizá nada pero yo las leo y
me recuerdan al principio de algún relato. Un relato que, por
ejemplo, sea melancólico incluso quizá triste. Me puedo imaginar a
una señora octogenaria sentada en una hamaca, con una taza de café
en la mano que mira tras el cristal y al ver el cielo gris comienza a
recordar un capítulo de su vida.
Y
es que hay una extraña relación entre la lluvia y la tristeza,
melancolía, pereza o ambas. ¿Por qué? Creo que es algo que hemos
establecido nosotros al unir lluvia con “se me fastidiaron los
planes”. Si que es verdad que la lluvia muchas veces no propicia el
escenario perfecto para hacer determinadas cosas. Si te tienes que
sacar el carné de conducir, te puede perjudicar; si te casas, se te
ensuciará el vestido. Pero, ¿por qué nos enfadamos si llueve? ¿De
qué nos sirve? ¿Acaso va a dejar de llover si nos quedamos en casa
con el pijama puesto? Que ver una película en el sofá puede ser un
plan estupendo pero que sea porque lo has decidido previamente,
independientemente de si llueve o no.
Igual
ese desprecio a la lluvia es porque no vemos su lado positivo.
Porque, lo primero, es más que necesario que llueva para poder
comer, básicamente, y cada vez lo hace menos. Además, ¿no os
habéis dado cuenta de que hay temporadas en las que a todo el mundo
le duele la cabeza? Eso es porque el ambiente está cargado y solo se
soluciona si llueve.
No
se por qué hay tanto miedo a la lluvia. ¡Si es agua! Encima cuando
llueve las temperaturas se suavizan. ¿Habéis probado a salir a la
calle sin paraguas? ¡Qué placer sentir como el agua te moja y
no correr! O si correr y pisar los charcos. O no pisarlos e intentar
que no te salpiquen los coches a su paso. O que si que te salpiquen,
reirte y ponerte a bailar.
Que
yo soy la primera defensora del sol pero, ya que llueve poco, que
mejor que aprovechar este hecho inusual para realizar aquellas cosas
que normalmente no podemos hacer en vez de quejarnos.
Sí, me fastidia que la gente se queje porque llueve. ¡Qué
puede dar rabia tardar más en llegar, que se te estropee el peinado,
tener que ponerte determinado calzado, pues sí, pero la vida sigue!

