viernes, 31 de agosto de 2012

Que la distancia


Ahora que ha muerto Neil Armstrong recordamos al hombre que pisó la Luna por primera vez. El espacio está de moda. ¿Es cierto que el hombre llegó a la Luna o fue todo un montaje de EEUU? ¿Sale rentable la inversión en el espacio? La segunda pregunta pide un mayor debate pero sobre la primera, yo soy de esas personas que creen que es verdad, que el hombre llegó a la Luna en 1969. Sea cierto o no, prefiero creer que fue así y no pararme a pensar en supuestas confabulaciones de EEUU. Simplemente creer, como en los trucos de magia.

Y, paralelamente a esto, a mi alrededor escucho conversaciones sobre la distancia.

Cuando eramos pequeños, distancia era la que había entre tu amigo y tú. Él vivía a la otra punta de la ciudad. A medida que crecemos eso ya no es un problema. “Distancia” pasa a ser el pueblo de al lado. Después, es traumático que una persona viva en el otro extremo de tu propio país. Y ni hablamos de cruzar alguna frontera. Ya no nos asustamos por 50 km pero si por 500. ¿Y qué más da 500 que 5000? ¡Señores, qué el hombre ha viajado a la Luna!

No solo nosotros crecemos, el mundo crece mucho más rápido. En mi corta existencia he visto el gran salto de Internet, la aparición de los teléfonos móviles y ahora los smartphones capaces de combinarlo todo. Podemos oír la voz de una persona o hablar con ella sin gastarnos lo más mínimo, 24 horas al día. También podemos verla y conocer su entorno. Y la evolución de los medios de transporte. Viajes más rápidos, más cómodos y con menor coste. Viajar en avión es muy común al igual que el tren, autobús, barco...

Ahora hablamos de globalización. Decimos que somos “europeos”. Entre otras cosas, tenemos una misma moneda que nos facilita los intercambios además del pasaporte y documentos válidos en toda la comunidad que nos ahorran gastos y tiempo.

Por lo tanto la “distancia” no puede ser impedimento para mantener el contacto con una persona. Si puedes comunicarte con ella y viajar no hay problema. Quizá para viajar pueda entender que haya cierta dificultad económica porque, a pesar de la reducción del coste del transporte, cruzar el Atlántico, por ejemplo, no es asequible para todos los bolsillos. Por desgracia ese puede ser un impedimento. Pero no dejemos que el dinero domine nuestra vida. Hay muchas formas de viajar. No hace falta buscar el medio de transporte más cómodo ni el más rápido. Podemos combinar diferentes formas de viaje (ahí está el ejemplo del autostop, una interesante forma de viajar de la que algún día hablaré mas detenidamente).

Así que ya vale de decir... es la distancia. No es la distancia. La distancia puede complicar las cosas, claro, es un obstáculo importante pero que se puede saltar. Uno de tantos otros. No utilicemos distancia como excusa. Es más, no nos autoengañemos poniendo la distancia como barrera. Porque si tu primo es tu primo y te llevas bien con él, ocurrirá lo mismo aquí que en China. Y si tu amigo se va de Erasmus seguirá teniendo el mismo sentido del humor que te hace reír cuando está a tu lado, y si te gusta un chico te va a gustar igual esté donde esté y si no te gusta aunque viviese en el piso de al lado tampoco te gustaría. 

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