jueves, 18 de octubre de 2012

No titularé “llueve”, que suena melancólico


"Hoy llueve, igual que ayer y posiblemente igual que mañana."
"Desde mi ventana veo la lluvia caer" 

Dos frases objetivas. ¿Qué te trasmiten? Quizá nada pero yo las leo y me recuerdan al principio de algún relato. Un relato que, por ejemplo, sea melancólico incluso quizá triste. Me puedo imaginar a una señora octogenaria sentada en una hamaca, con una taza de café en la mano que mira tras el cristal y al ver el cielo gris comienza a recordar un capítulo de su vida.

Y es que hay una extraña relación entre la lluvia y la tristeza, melancolía, pereza o ambas. ¿Por qué? Creo que es algo que hemos establecido nosotros al unir lluvia con “se me fastidiaron los planes”. Si que es verdad que la lluvia muchas veces no propicia el escenario perfecto para hacer determinadas cosas. Si te tienes que sacar el carné de conducir, te puede perjudicar; si te casas, se te ensuciará el vestido. Pero, ¿por qué nos enfadamos si llueve? ¿De qué nos sirve? ¿Acaso va a dejar de llover si nos quedamos en casa con el pijama puesto? Que ver una película en el sofá puede ser un plan estupendo pero que sea porque lo has decidido previamente, independientemente de si llueve o no.

Igual ese desprecio a la lluvia es porque no vemos su lado positivo. Porque, lo primero, es más que necesario que llueva para poder comer, básicamente, y cada vez lo hace menos. Además, ¿no os habéis dado cuenta de que hay temporadas en las que a todo el mundo le duele la cabeza? Eso es porque el ambiente está cargado y solo se soluciona si llueve.

No se por qué hay tanto miedo a la lluvia. ¡Si es agua! Encima cuando llueve las temperaturas se suavizan. ¿Habéis probado a salir a la calle sin paraguas? ¡Qué placer sentir como el agua te moja y no correr! O si correr y pisar los charcos. O no pisarlos e intentar que no te salpiquen los coches a su paso. O que si que te salpiquen, reirte y ponerte a bailar.

Que yo soy la primera defensora del sol pero, ya que llueve poco, que mejor que aprovechar este hecho inusual para realizar aquellas cosas que normalmente no podemos hacer en vez de quejarnos.

Sí, me fastidia que la gente se queje porque llueve. ¡Qué puede dar rabia tardar más en llegar, que se te estropee el peinado, tener que ponerte determinado calzado, pues sí, pero la vida sigue!

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