lunes, 5 de noviembre de 2012

La ilusión ni se crea ni se destruye, solo se transforma


Hace ya casi dos semanas asistí a una conferencia que impartió Enrique Urbizu, el director de películas como “No habrá paz para los malvados”, y desde entonces llevo dando vueltas a un tema: la importancia de la ilusión en la vida.

Siempre me he considerado una persona que vive con ilusiones pero nunca había valorado la relevancia de esto. Durante la charla, Urbizu habló sobre la función del director y el guionista en la realización de la película y contó cual era su forma de trabajo. Su estilo lo definió con frases como “tan importante es el primer actor como el último” y “es bueno crear un ambiente de trabajo y generar confianza”.

Pero lo que más me llamó la atención de la conferencia no fue tanto lo que contó sino como lo contó. Tras 25 años rodando cine, mantiene la ilusión en cada proyecto o, al menos, eso me transmitió a mí: la imagen de una persona ilusionada.

No quiero centrarme tanto en la figura del director sino simplemente utilizarla como ejemplo de alguien a quien le gustaba su trabajo ya antes de realizarlo y que, a pesar del paso del tiempo, no le ha dejado de gustar. Alguien que busca disfrutar de cada momento del trabajo, desde la primera hora hasta la última del proceso, incluyendo las etapas que otros consideran aburridas.

Esa ilusión por lo que hace me parece muy importante. Creo que todos tenemos que tener al menos una ilusión que nos mantenga, que de sentido a lo que hacemos. La ilusión no deja de ser un motivo. Un objetivo para seguir caminando.

Es curioso como algunas personas parecen que aparentemente cumplen con el
“ideal básico de felicidad”, por decirlo de algún modo, el combo de salud, dinero y amor. Sin embargo no son felices porque no tienen ilusiones. Un día se dan cuenta de que ya no tienen nada por lo que ilusionarse. Porque, ¿nos podemos asegurar que no vamos a perder la ilusión por algo? O, si la ilusión se pierde, ¿nos atreveremos a cambiar una parte de nuestra vida por recuperarla? Si no hacemos nada nos podemos hundir cada vez más y no remontar pero hacer lo idóneo no es nada fácil.

Y he hablado de los del falso combo pero, ¿y qué hay de aquellos que ni siquiera se acercan al pack básico de supuesta felicidad? Es más, que se están alejando mucho de él. Aquellos que están viendo como pierden sus ilusiones en forma de vivienda, trabajo, salud, poco a poco. En la actualidad, con la situación económica en la que nos encontramos, están aumentando los casos de depresión, incluso los suicidios. Y gran parte del problema viene por las ilusiones. A ver como le dices a un parado y desahuciado que la vida es ilusión, que siempre hay algún motivo para salir adelante y lo bonitas que son las cosas en el país de la piruleta.

Entonces el mundo de la ilusión es más complejo de lo que pensaba. Quizá alguna clave pueda ser que si algo te ilusiona, te gusta, debes luchar primero por conseguirlo y después por mantenerlo. Pero no te acomodes y busca cada día algo nuevo, que te haga conservar esa ilusión. Y cuando no haya nada más que te motive pon lo cotidiano patas arriba ya sea en el trabajo, estudio o relaciones. Siempre se encuentra algo. Porque la ilusión es algo así como la energía: ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Y, sobre todo, no vendas ilusiones por dinero, miedo o comodidad. 

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