Hace
ya casi dos semanas asistí a una conferencia que impartió Enrique
Urbizu, el director de películas como “No habrá paz para los
malvados”, y desde entonces llevo dando vueltas a un tema: la
importancia de la ilusión en la vida.
Siempre
me he considerado una persona que vive con ilusiones pero nunca había
valorado la relevancia de esto. Durante la charla, Urbizu habló
sobre la función del director y el guionista en la realización de
la película y contó cual era su forma de trabajo. Su estilo lo
definió con frases como “tan importante es el primer actor como el
último” y “es bueno crear un ambiente de trabajo y generar
confianza”.
Pero
lo que más me llamó la atención de la conferencia no fue tanto lo
que contó sino como lo contó. Tras 25 años rodando cine, mantiene
la ilusión en cada proyecto o, al menos, eso me transmitió a mí:
la imagen de una persona ilusionada.
No
quiero centrarme tanto en la figura del director sino simplemente
utilizarla como ejemplo de alguien a quien le gustaba su trabajo ya
antes de realizarlo y que, a pesar del paso del tiempo, no le ha
dejado de gustar. Alguien que busca disfrutar de cada momento del
trabajo, desde la primera hora hasta la última del proceso,
incluyendo las etapas que otros consideran aburridas.
Esa
ilusión por lo que hace me parece muy importante. Creo que todos
tenemos que tener al menos una ilusión que nos mantenga, que de
sentido a lo que hacemos. La ilusión no deja de ser un motivo. Un
objetivo para seguir caminando.
Es
curioso como algunas personas parecen que aparentemente cumplen con
el
“ideal básico de felicidad”, por decirlo de algún modo, el combo de salud, dinero y amor. Sin embargo no son felices porque no tienen ilusiones. Un día se dan cuenta de que ya no tienen nada por lo que ilusionarse. Porque, ¿nos podemos asegurar que no vamos a perder la ilusión por algo? O, si la ilusión se pierde, ¿nos atreveremos a cambiar una parte de nuestra vida por recuperarla? Si no hacemos nada nos podemos hundir cada vez más y no remontar pero hacer lo idóneo no es nada fácil.
“ideal básico de felicidad”, por decirlo de algún modo, el combo de salud, dinero y amor. Sin embargo no son felices porque no tienen ilusiones. Un día se dan cuenta de que ya no tienen nada por lo que ilusionarse. Porque, ¿nos podemos asegurar que no vamos a perder la ilusión por algo? O, si la ilusión se pierde, ¿nos atreveremos a cambiar una parte de nuestra vida por recuperarla? Si no hacemos nada nos podemos hundir cada vez más y no remontar pero hacer lo idóneo no es nada fácil.
Y
he hablado de los del falso combo pero, ¿y qué hay de aquellos que
ni siquiera se acercan al pack básico de supuesta felicidad? Es más,
que se están alejando mucho de él. Aquellos que están viendo como
pierden sus ilusiones en forma de vivienda, trabajo, salud, poco a
poco. En la actualidad, con la situación económica en la que nos
encontramos, están aumentando los casos de depresión, incluso los
suicidios. Y gran parte del problema viene por las ilusiones. A ver
como le dices a un parado y desahuciado que la vida es ilusión, que
siempre hay algún motivo para salir adelante y lo bonitas que son
las cosas en el país de la piruleta.
Entonces
el mundo de la ilusión es más complejo de lo que pensaba. Quizá
alguna clave pueda ser que si algo te ilusiona, te gusta, debes
luchar primero por conseguirlo y después por mantenerlo. Pero no te
acomodes y busca cada día algo nuevo, que te haga conservar esa
ilusión. Y cuando no haya nada más que te motive pon lo cotidiano
patas arriba ya sea en el trabajo, estudio o relaciones. Siempre se
encuentra algo. Porque la ilusión es algo así como la energía: ni
se crea ni se destruye, solo se transforma. Y, sobre todo, no vendas
ilusiones por dinero, miedo o comodidad.
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