jueves, 14 de junio de 2012

La voz: un medidor de vitalidad


No se si esto que os voy a contar os habrá pasado alguna vez. Quizá si tenéis costumbre de escuchar la radio me entendáis mejor. ¿Nunca os habéis sorprendido al conocer el aspecto físico de alguien del que solo conocíais su voz?

Muchas de las personas que hablan en la radio son de sobra conocidas o bien porque vienen de trabajar en la televisión o porque tienen tanto renombre que su aspecto nos resulta familiar. Pero hay otras voces que no las tenemos asociadas con un físico. Nuestro cerebro, inconscientemente, va creando una imagen de la persona que habla. Así nos hacemos nuestra propia idea de a que cuerpo pertenecerá esa voz que oímos con mayor o menor frecuencia. Nos podemos imaginar una persona rubia o morena, más o menos mayor y más o menos guapa solo teniendo en cuenta lo que nos trasmite su voz. No hacemos un análisis exhaustivo para intentar averiguar como será. Lo que pretendemos es llevar a la vista lo que nos trasmite el oído.

Y llega un día en el que vemos a esa persona ya sea en la televisión, cara a cara o por la curiosidad de haberla buscado en Google. Llegados a este punto pueden pasar dos cosas: Que nos la hayamos imaginado más o menos parecida o todo lo contrario. A mí ya me ha pasado alguna vez que me he imaginado a una persona de forma diferente y me he quedado bastante sorprendida al ver que su aspecto físico no coincidía demasiado con el diseñado por mi pensamiento. La última ocasión en la que me pasó esto fue ayer cuando pretendí poner cara (real) a una chica que suele hablar de cine con una voz bastante agradable. Me imaginaba una mujer de unos 30 años morena y delgadita. Y sí era delgadita y morena pero eso de 30 años... más bien 40... y 5.

Lo que quiero decir con esto es que muchas veces nos dejamos guiar por el aspecto físico de una persona y la imagen que da. Sus arrugas, como viste... y así, sin ni siquiera escucharla hablar, imaginamos su personalidad. Sin embargo, escuchando su voz podemos descubrir la esencia de una persona. Ni una cosa ni la otra deben servir para prejuzgar a la gente pero si que creo que la voz es más pura, más difícil de disfrazar. Quizá el estado de ánimo se pueda intentar disimular con mayor o menor éxito, pero una voz nos puede transmitir cosas que quizá la simple vista de una persona no nos trasmita: Seguridad, tranquilidad, confianza...

Y hay algo que si que muestra la voz mucho mejor que el aspecto físico: la vitalidad. Porque una cosa es lo que diga su DNI o sus arrugas y otra lo que diga su voz. Hay personas más mayores (de DNI) que tienen más vitalidad que aquellas más jóvenes. Por eso yo a veces me imagino a esas personas que hablan por la radio más jovenes de lo que puedan indicar sus arrugas y su DNI.

Y, al fin y al cabo, ¿que más da eso que llamamos “edad”? ¿De verdad podemos catalogar a una persona como “joven” o “mayor” solo por eso? ¿No intervienen muchos más factores?



No hay comentarios:

Publicar un comentario