viernes, 29 de junio de 2012

No es una casa, es mucho más


En España una de las cosas que más se valora es la posesión de una vivienda. Una tendencia que no se comparte en otros países cercanos donde vivir toda la vida de alquiler se ve mucho más normal que aquí. Nuestra cultura nos ha acostumbrado a adquirir una casa propia.

Supongo que es una forma de elaborar nuestra vida. O esa parte de nuestra vida que hemos creado nosotros. Porque nacemos y vivimos en la casa de nuestros padres que a su vez es nuestra pero de otra manera. Y al crecer damos nuestros primeros pasos en solitario. Tenemos nuestro trabajo, nuestra pareja, nuestra soledad, nuestros hijos o nuestra mascota y eso lo solemos solidificar con nuestro hogar. Porque una casa no es solo unos cuantos metros de terreno y un papel. Ella representa nuestro estilo, forma de ser... y allí estamos cómodos, a gusto. Cada casa con una historia, la propia de cada uno que evoluciona al mismo ritmo que sus propietarios.

¿Da pena dejar una casa no? Yo nunca me he mudado pero debe de ser duro. Si eso es decisión tuya, por muy duro que sea, lo has elegido tú. Sin embargo, tristemente, todos los días se escuchan noticias sobre desahucios. Personas que pierden su casa. Y detrás de cada desahucio una historia. La del inmigrante que trabajaba en la construcción, que se fió del banco y nadie le negó una hipoteca, o aquellos jubilados que abalaron a sus hijos y ahora están en la calle. Pero lo peor de todo es que esas casas se quedan vacías. ¿Que sentido tiene obligar a los propietarios a abandonar sus hogares para que estos se queden cerrados? ¿Por qué tiene que haber gente sin un lugar donde dormir cuando hay tantas viviendas sin habitar, que no salen rentables y a las que no se da salida? 

Por suerte aquellas personas desahuciadas o a punto de serlo en ocasiones encuentran apoyo en los demás. Ahí están sus vecinos y quienes les conocen pero también personas desconocidas bajo el nombre del movimiento 15M, por ejemplo, que se unen con el objetivo de evitar el desahucio. Muchas veces no es posible paralizarlo pero por esos pequeños éxitos merece la pena intentarlo.

Dice la RAE en la tercera acepción de “Desahuciar”: Dicho de un dueño o de un arrendador: Despedir al inquilino o arrendatario mediante una acción legal. Pero la primera acepción es: Quitar a alguien toda esperanza de conseguir lo que desea. Así es.

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