Me
encantan esas personas que, sin conocerte de nada, te hacen un
comentario gracioso para que te rías. Voy a concretar más: me
refiero a esos señores que podríamos denominar “abuelillos”
aunque en realidad no sabemos si tienen hijos y nietos pero la
sociedad los clasifica así. Podían ser “abuelos” pero
“abuelillos” queda más tierno.
Los
abuelillos son un ejemplo más de lo fácil que es hacer sonreír a
alguien. Te cruzas con ellos por la calle, te dicen una gracia (más
o menos graciosa) y consiguen que te rías al menos por un instante.
Un ejemplo: Hoy iba andando y bebiendo agua. Me he cruzado con un
abuelillo y me ha dicho: -¿No será orujo? Entonces yo le he
respondido: -No, no... es agua. El se ha reído, yo me he reído y he
llegado a casa sonriendo.
Ahora
es cuando pensáis que vaya tontería. Pues es una tontería sí. Y
es lo bueno, a raíz de una simple tontería dos personas que no se
conocían han sonreído. Y este no es un hecho tan puntual porque los
abuelillos tienen esa habilidad para decir cosas que sientan bien a
desconocidos. Ellos lo hacen porque no tienen miedo a llevarse una
mala contestación. A mí no se me ocurriría decir algo así a otra
persona porque igual piensa que le estoy llamando borracho, sin
embargo, ellos lo dicen con naturalidad, sin mala intención y así
se lo toman los que lo reciben (al menos yo).
Por
otro lado está la gente que sin conocerte te habla para faltarte el
respeto o meterse con tu vestimenta, peinado, aspecto físico... pero
esos no merecen mención. No son simpáticos abuelillos.
De todas formas,esto de los abuelillos me ha hecho pensar. ¿Por qué un comentario que venga de un abuelillo nos sienta bien y si el mismo nos lo hace otra persona nos puede sentar mal? Entonces los comentarios son ofensivos por el contenido o se convierten ofensivos dependiendo del emisor?
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