martes, 6 de marzo de 2012

El perdón


 Ayer estuve viendo el reportaje de TV3 El perdó y me impactó bastante. Lo protagonizan los testimonios de dos personas muy diferentes pero con algo en común: Uno de ellos era el hijo de Jose Manuel García Cordero, a quien ETA asesinó en 1980; el otro, Iñaki Rekarte, el causante de varias muertes con el sello de la banda terrorista.

La prisión de Nanclares ha propiciado algunas conversaciones entre las víctimas del terrorismo y los etarras para que estos puedan mostrar su arrepentimiento por el infinito daño causado. Estos actos no tienen ninguna recompensa para los encarcelados en su condena y son totalmente voluntarios. Los protagonistas cuentan como habían sido sus encuentros con la otra cara de la moneda.

Rekarte relató como con 19 años ingresó en la banda influenciado por su entorno y casi sin darse cuenta. A su espalda varias muertes de inocentes que tras haberse estrenado como asesino se habían convertido en un trámite. Explicó como después de realizar un atentado los superiores de la banda se dedicaban a comentarles los errores que habían cometido en la operación para que a la próxima brillasen en su trabajo. En cierto modo para alguno de ellos entrar en la cárcel supone una liberación porque dejan de matar. Curiosa paradoja.

En la cárcel reflexionan sobre lo que ha hecho y los terroristas buscan la ayuda de aquellos a los que han dañado mediante estos encuentros. Necesitan su perdón o al menos que les den la oportunidad de expresarse, algo que sirva para aliviar su conciencia y poder seguir viviendo. Y, a pesar de todo, hay víctimas dispuestas a escucharles.

Ese es el caso de Iñaki García, el hijo de Jose Manuel. Cuenta el desarrollo de la conversación de forma muy tranquila. Cuando se enteró de que su padre había muerto en manos de ETA pensó que no podía ser posible, que su padre no había hecho nada malo a nadie. Pero es que ETA se llevó a inocentes por delante. Durante mucho tiempo el odio le inundó. Normal si matan a una de las personas que más quieres. Pero un día se dio cuenta de que los asesinos de su padre le estaban arruinando la vida. Entonces asume que tiene que dejar de odiar.

Es triste pero es la realidad. Cuando sufrimos por lo que nos han hecho los demás finalmente no nos queda otra cosa que olvidarlo. Como eso no suele ser posible nos tenemos que conformar con esconderlo en nuestro cerebro. Finalmente el olvido es más importante que el perdón. Con ese "perdono pero no olvido” solo aliviamos la conciencia del otro. Es el recuerdo lo que nos hace daño y es más difícil conseguir olvidar que perdonar. 

El vídeo del programa lo podéis ver aquí: http://www.tv3.cat/3alacarta/#/videos/3980170
La introducción está en catalán pero el contenido de la entrevista es en castellano.

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