¡Que
grandes los gomets!. Esas pegatinas de colores que nos ponían en el
cole. Tener un gomet en el baby o en la cara era signo positivo, un
premio que nos hacía ilusión.
Circulitos
de los colores del parchís. Algo simple. Una prueba más del poder
de las cosas sencillas.
Los
gomets se utilizan para premiar a los niños o, al menos, así era en mis tiempos: Como has hecho esto
bien te ganas un gomet. ¡Y funciona!
Al final todos somos niños,
todos hacemos las cosas para conseguir beneficios. La diferencia es
que nos hemos dado cuenta de que un gomet tiene escaso valor y ya no
nos sirve como motivación. En realidad el gomet en sí no es lo
importante, lo importante es el significado que le damos.
Al
niño le gusta tener una pegatina porque sabe que eso tendrá su
recompensa. Por ejemplo, Supernanny utilizaba los gomets como moneda
de cambio. Los niños los ganaban al hacer tareas como ducharse
solos, poner la mesa... y si conseguían muchos tenían
premios en forma de tiempo para jugar o algún capricho.
Al
padre le dan círculos y rectángulos de colores por hacer tareas
como montar una pieza o escribir en el ordenador y después las puede
cambiar por comida o por un coche. Lo llaman dinero. ¿Qué
diferencia hay? ¿Veis como todos funcionamos igual?
Yo propongo recuperar los gomets para pegárselos a las personas que nos hacen sonreír. Deberían ser canjeables para que todos se den cuenta de lo que valen y así motivar a los que nos rodean para que sigan haciendo eso que tan bien se les da. ¡Gomets para todos!
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